Realidad virtual, aumentada y mixta: la cadena del riesgo se vuelve más compleja

Realidad virtual, aumentada y mixta: la cadena del riesgo se vuelve más compleja

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Empezó como un videojuego, pero es mucho más que eso. La realidad virtual y la realidad aumentada te permiten, hoy por hoy, probar un coche sin salir de tu casa o ver cómo queda el último sofá de IKEA en tu salón antes de comprarlo. También tienen aplicaciones militares, médicas, artísticas, arqueológicas… y la lista no para de crecer. Las nuevas realidades están dando lugar a un nuevo mundo, con sus muchas oportunidades y sus múltiples riesgos.

 

Mucho más que Pokémon Go

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Hace poco más de un año, un videojuego conquistó decenas de millones de smartphones en todo el planeta. Sus usuarios, a la caza y captura de criaturas virtuales, vivían entre dos realidades. Pokémon Go sirvió para que la realidad virtual y la aumentada (y su hermana más joven, la realidad mixta) ganasen en visibilidad.

“Sin embargo, la tecnología AR/VR [del inglés, augmented reality/virtual reality] ofrece mucho más que la posibilidad de encontrar animales fantásticos. Y las aplicaciones de realidad mixta que emergerán en los próximos años conllevarán tantos riesgos y desafíos como oportunidades y recompensas”, señala José Manuel Mercado, Latin American Industry Leader for Willis Towers Watson’s Technology, Media and Telecommunications practice.

 

Realidad virtual, aumentada y mixta

Lo primero, para entender las posibilidades reales de esta tecnología, es saber de qué se trata. La realidad virtual implica la creación de un entorno digital en el que el usuario, aislado del mundo real, interacciona mediante auriculares, gafas de vídeo, mandos y otro tipo de dispositivos (como, por ejemplo, asientos). Las aplicaciones permiten desde participar en conciertos o partidos de fútbol en directo hasta terapias emocionales, pasando por compras o interacción en redes sociales como Facebook Spaces.

la industria tecnológica ha caminado hacia una tercera realidad o, mejor dicho, una tecnología híbrida, que han bautizado como realidad mixta.

La realidad aumentada es ligeramente diferente. Aquí, el contenido digital y virtual se sitúa en el entorno real gracias a una pantalla, generalmente la de un smartphone o tablet. El mundo real puede utilizarse solo como escenario o como parte activa gracias a la geolocalización. Esta es la tecnología usada para Pokémon Go, pero también por multitud de aplicaciones turísticas, en catálogos de productos, para servicios en tiendas o compras virtuales.

En el último año, la industria tecnológica ha caminado hacia una tercera realidad o, mejor dicho, una tecnología híbrida, que han bautizado como realidad mixta. En ella, se crean nuevos espacios con más o menos elementos virtuales o reales en los que pueden interactuar objetos y personas digitales o reales. Además, gracias a la evolución de sensores e interfaces, como la tecnología háptica (que interacciona a través del sentido del tacto), la experiencia virtual parece cada vez más real.

“Estos conceptos y tecnologías se usan ya en múltiples industrias, desde el sector hospitality o los medios de comunicación, hasta las ventas, la construcción, la automoción, la medicina o los servicios sociales. Los beneficios de ahorro de costes son claros, disminuyen los riesgos de inversión y aumentan los rendimientos. Pero también existen riesgos, que se vuelven más difusos y complejos a medida que se evoluciona hacia la realidad mixta”, explica José Manuel Mercado.

 

Una compleja cadena de riesgos

En un entorno virtual, pero ligado a la realidad, existen muchos riesgos digitales, pero no son los únicos. La cadena se vuelve más y más compleja a medida que se desarrolla la tecnología.

  • Falta de precisión. La exactitud de los entornos virtuales depende de la exactitud de los datos. Un error o una desviación en un videojuego puede no ser muy importante, pero los riesgos se disparan cuando hablamos de la precisión que requiere, por ejemplo, un tratamiento médico.
  • La seguridad de los datos. Como en todo entorno digital, los usuarios finales y las empresas exponen su información en una red que puede llegar a ser muy vulnerable, sobre todo, en el caso de aplicaciones o dispositivos en los que el ahorro de costes es una prioridad. Así, se dispara el riesgo de filtraciones (intencionadas o no) de información privada o confidencial.
  • Manipulación de la identidad. Mención aparte merece la posibilidad de robar o suplantar las identidades digitales. En muchos entornos virtuales, los usuarios interactúan a través de avatares o representaciones digitales de sí mismos. Estas identidades pueden ser objeto de robo, manipulación o reemplazo con intenciones maliciosas.

Inmersos en un mundo virtual, los usuarios pueden perder la noción de dónde se encuentran en realidad, invadiendo espacios físicos privados.

  • Riesgos físicos. Desde el punto de vista de la integridad física del usuario, existen riesgos como caídas o desorientación por las diferencias entre el mundo virtual y real, o deterioro de la percepción de la realidad (distancias, velocidades, etc.). Aunque estos riesgos se supone que se irán minimizando con la mejora de la tecnología, no se deben menospreciar, sobre todo teniendo en cuenta que la buena parte de las actividades – sobre todo de realidad aumentada – se llevan a cabo en el exterior.
  • La invasión de la privacidad física. Este es, probablemente, el riesgo sobre el que más llamó la atención el fenómeno Pokémon Go. Inmersos en un mundo virtual, los usuarios pueden perder la noción de dónde se encuentran en realidad, invadiendo espacios físicos privados.

 

La responsabilidad y la ley

En todos estos casos, y en los futuros escenarios que se abrirán en los próximos años, es esencial poder definir las responsabilidades. Hoy por hoy, “los acuerdos con los usuarios son insuficientes para cubrir todas las posibilidades de uso indebido de una plataforma virtual y están lejos de dejar claro dónde recae la responsabilidad”, resalta el experto de Willis Towers Watson.

A medida que la realidad virtual deja de ser un juego y pasa a implicar datos privados, transacciones y pagos reales, la necesidad de adaptar los marcos regulatorios se hace más patente. “Las leyes continuarán rezagadas con respecto al desarrollo y a la adopción de tecnologías, y es probable que los sistemas actuales de seguros individuales, corporativos y gubernamentales sean también ineficaces”, concluye José Manuel Mercado.

Virtual, aumentada o mixta, las nuevas realidades plantean nuevos riesgos a los que hay que dar respuestas también innovadoras. Tener herramientas para enfrentar las nuevas formas de delincuencia y uso indebido de las tecnologías será esencial en los próximos años.

 

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